Tu mirada apagó el sol
tu belleza abrió la puerta del más allá
tus manos acariciaron el cielo
fue entonces cuando supe que eras divino,
inalcanzable.
Pregunté a las estrellas tu nombre,
hablé con el mismo diablo,
sequí a los dioses al Olimpo,
pero tu no estabas allí.
Entonces comprendí que la soledad existía
mi alma se perdió en la inmensidad,
la pena ahogó mi llanto,
la muerte se apoderó de mi vida.
Fue en el mundo de las almas donde te encontré
eras como un arcoiris despues de la tempestad,
como una primavera tras un arduo invierno.
Fue entonces cuando comprendí
que mi vida estaba en la muerte
y que la muerte
se apoderó de mi vida.
María Herrera
lunes, 18 de febrero de 2008
Así...
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1 comentarios:
Que poema tan bonito, me ha llegado al alma...
Esta muy bien que halla gente aficionada a la poesía.
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